La culpabilidad y el error.
La sensación de culpabilidad no es un fenómeno personal. Sólo lo parece.
La culpabilidad es lo que nosotros creamos en nuestro interior, proyectando y dejando entrar al mismo tiempo una serie de cargas exteriores. Son cargas externas y no-personales, recogidas y proyectadas por los demás en las acciones de su vida cotidiana. Tienen como principal característica que están clasificadas como mal hechas o con un algún tipo de error. Justo este error o su interpretación es la clave para entender la culpabilidad. Es decir: el error es lo que crea el estado de culpa, en nosotros o en los demás. Normalmente tomamos el error de una forma natural pero no saludable, porque no lo entendemos como entidad separada. Por gracia y desgracia a la vez, sólo podremos comprenderlo si lo aislamos.
Por el hecho de que una de nuestras acciones molesta de alguna forma a otra persona, por ejemplo, ya implica que hemos cometido un error.
Es decir: si yo, por el motivo que sea, no he sido capaz de ver la posibilidad, de averiguar con antelación, que voy a cometer un “error”o que voy a molestar al otro, no encuentro lógica, moral ni justa la posibilidad de que se me acuse por el error que acabo de cometer. Mi estupidez no es culpa mia. De ésta se ha encargado la naturaleza. Y además, mi forma de percibir y valorar los hechos no es la misma que la del otro.
A partir de aquí, lo único que puedo hacer es reconocer ante mi y ante los demás mi propia incapacidad de no saber como no cometer el error. Esta incapacidad es la que en el fondo activa el conflicto.
En este caso, lo único que podría reequilibrar la balanza sería la gran capacidad del otro de saber perdonar al primero de verdad y, en casos ideales, saber perdonarse a si mismo. Si lo hace antes de acusar a quien le ha ofendido evitará alimentar el conflicto y además no creará otro. Es decir, evitará cometer un nuevo error.
En cuanto al “error”, hay que tener en cuenta que lo que no es error para mi puede serlo para el otro. Y al revés. Todo esto pasa porque la otra persona siente y percibe las cosas a su manera. Individualmente, con sus herramientas de medir las cosas. Con su forma particular de valorar las cosas y de rebelarse. Uno no siente como el otro. Pero hasta cierto punto.
Cada uno utiliza sus propias fórmulas de percibir y juzgar las cosas y, en la mayoría de los casos, estas fórmulas no encajan con las de los demás. Por lo tanto, la culpa no la tiene ni la “culpa” ni el “error”, sino el hecho de que no somos totalmente conscientes de que el otro piensa y ve las cosas desde su punto de vista. Ya hay una diferencia en la percepción y justo esta diferencia nos predispone a crear o entretener conflictos.
En esta ecuación, el primero que siente, que percibe el “error”, la “culpabilidad”, evidentemente es el herido. La víctima. La persona que ha percibido que alguien cometía un error contra ella. Y, en vez de estar atento a lo que va a decir o a lo que va a provocar con su comentario hacia al “ culpable”, es decir de cuidar que el conflicto no crezca, suelta su rabia, su enfado. Esto pasa simplemente porque no sabemos o, como mínimo, no creemos, que somos capaces de controlar justo este punto débil. Pensamos, o no, que no tenemos ni la capacidad de controlar de verdad nuestras acciones y respuestas (sobretodo en momentos críticos) ni la de saber manejar de alguna forma lo que sentimos, aparcarlo, o simplemente arreglarlo.
De esta manera volvemos al conflicto. Si el ofendido no ha sido capaz de controlarse justo antes de acusar al otro para no crear otro conflicto o, como mínimo, para no alimentarlo más, tampoco puede ser acusada por su incapacidad de no hacerlo.
Es decir, ¿tiene la culpa el que ha creado el conflicto por no darse cuenta de que va a crearlo- sea cual sea el motivo-? ¿o la culpa la tiene el que no ha sido capaz de no perdonar antes de continuar alimentando un conflicto ya creado por la incapacidad del primero de no evitarlo?
¿Quien tiene la culpa?
Los Pájaros encerrados no sufren.
Los pájaros encerrados no sufren.
Son los más felices de todos los pájaros del mundo.
Son felices porque han aceptado la condición. La muerte. La cárcel finita. Y lo único que les queda es vivir.
Los pájaros libres sufren por los que están encerrados. Pero los que están encerrados quieren y sufren más por los que son libres.
Hay un pajarito feliz en cada pájaro encerrado en una jaula.
Conciencia del momento.
Considero que en general tenemos miedo de que las cosas se cumplan. De que se cumpla lo que pensamos, lo que queremos. Este miedo nos resta valor. Nos hace vulnerables a las trampas que creamos en el proceso de hacer planes, pensar en el futuro... cosas que, en el fondo, no hacen otra cosa que crearnos un intervalo de tiempo tan largo,tan grande, que nuestra propia conciencia no es capaz de mantener el control sobre lo que va a pasar. Por esta razón entramos en pánico de una forma u otra. Nos asustamos de lo desconocido. De lo que está por surgir. Y de esta forma se instala dentro de nosotros una especie de miedo constante que llega a estar tan presente que ni nos damos cuenta. Es un miedo bien tapado, bien disfrazado, bien camuflado.
Tenemos una tendencia involuntaria a “correr” en la vida. A hacer planes encima de otros planes y olvidamos valorar y sentir lo que vivimos en el momento. Es como vivir en el futuro. Y también nos refugiamos en el pasado. Siempre estamos a nivel mental en todas las partes del tiempo, menos en el presente. Vivimos el “ya” después. Y este mecanismo des-calibrado, que tiene que ver con la percepción y la posibilidad de vivir el momento, crea continuamente un desequilibrio dentro de nosotros mismos. Mismos, que existimos gracias a nuestros pensamientos, los que definen nuestra forma de ser como seres inteligentes.
Tomar decisiones relacionadas con el mañana implica futuro de una forma u otra. Porque el futuro está creado por y de nuestras decisiones, que son resultado de los pensamientos y de las ideas. Y para que éstas se desarrollen necesitan un espacio, una pantalla para proyectarse, es decir, el futuro. Además, en el futuro creado por nosotros mismos, mientras estamos caminando, perdemos el control. Y el control sobre los hechos que tienen que surgir o que nosotros esperamos que surjan, se pierde justo porque vivimos en una naturaleza que se está modificando constantemente. Se modifica porque hay otras decisiones externas que muchas veces no coinciden con las nuestras. Se crean otras variables que entran en nuestra ecuación y que de una forma u otra, cambian las direcciones iniciales del plan de cada individuo.
Se tiene que aprender a mantener bajo control el pensamiento individual, buscar una forma de vivir el momento lo más cercano al “presente”. Es decir: vivir y disfrutar de la vida ahora. Se tiene que mantener el momento. El presente. De esta forma se puede conseguir con mucha facilidad una tranquilidad más profunda, una forma de bienestar más clara. Más concreta.
La forma mas fácil de vivir y sentir el momento es encontrar una forma de mantener claramente en la conciencia un extra pensamiento pegado a nosotros mismos que nos recuerde a menudo que la vida se tiene que vivir ahora. Día a día. Hora a hora y minuto a minuto si es posible. Es como poner un supervisor por encima de nuestro propio pensamiento. Sólo entonces podemos valorar de verdad el tiempo que tenemos a disposición, eliminando de esta forma el peso constante, casi invisible pero perceptible, del paso del tiempo.
Porque el tiempo es una forma de estrés. Una forma de crear miedo, de crearnos miedo. En el fondo, el tiempo es relativo, cada uno percibe el tiempo de su forma particular. Y justo por su relatividad, por su inestabilidad, es una fuente de estrés. Trabajar siempre con un valor cambiante cansa. Dejar de mantener el control sobre el momento presente es como dejar el mando de un avión lleno de pasajeros en las patas de un perro. Es pura deriva. Imprudencia. Así se crea una forma de caos.
Cuanto más nos alejamos de la base, más perdemos el control de nuestra nave. Tenemos unas incalculables posibilidades de fracaso, de sorpresas, buenas o malas. De situaciones inesperadas que en el fondo no hacen nada más que desequilibrar el camino, la idea y el plan inicial.
Además, para que todo este mecanismo de crear miedo - la relación con el tiempo- se ponga en marcha, no hace falta que las cosas planificadas se cumplan o no. El subconsciente humano ya está asustado por encontrarse tantas posibles “posibilidades” delante aunque no siempre el individuo es consciente de ello.
El miedo con que el tiempo nos carga es un miedo sutil. Como un hilo invisible de tela muy resistente. Es un miedo suave, constante, como un río que fluye por debajo de la tierra, sin ser conscientes de él.
Inconscientemente todos tenemos esta carga, esta presión creada por la fluidez del tiempo. La inseguridad del mañana, la frustración del pasado, el aburrimiento del presente, el lanzamiento en el mañana. Todo esto nos aleja del momento presente. Simplemente nos aleja del ser conciente del momento.
El suicidio es "ilegal"?!
El suicidio no es ilegal, pero tampoco está permitido entre la gente como una decisión “normal”.
¿Por qué tenemos tantos problemas cuando hablamos sobre el suicidio? Si alguien que está enfermo quiere morir ¿por qué hay tantas puertas cerradas?
Si alguien quiere suicidarse lo único que hacemos es intentar salvarlo.¿ Salvarlo de qué? ¿Dónde está el peligro? ¿Cómo sabemos que hay un peligro al suicidarse cuando, en el fondo, nadie o casi nadie sabe lo que hay detrás de la vida o de la muerte?
Está claro que el suicida quiere suicidarse. Ha decidido esto. Si lo hace, o no, es su problema. Él quiere decidir. Hay que dejar a la persona decidir.
Observo el hecho de que no somos capaces de aguantar que alguien decida suicidarse delante nuestro. ¿Por qué tenemos esta necesidad? ¿Por qué no somos capaces de aguantar que alguien tenga la capacidad de tomar una decisión tan importante? Quizás es justo por su potencia de tomar esta decisión que, en el fondo, lo único que refleja es la incapacidad de los demás de afrontar la muerte. El final inevitable para todos.
Nuestra cobardía se refleja en el espejo recién limpiado del potencial suicida.
Si está bien o mal lo puede decidir sólo él. Nadie más. Cuando evitamos que una persona se haga daño es porque nosotros no somos capaces de ver o sentir lo que él siente. No sirve de nada disimular o, mejor dicho, no sirve de nada creer que entendemos lo que siente el otro.
En el fondo no entendemos nada. Cada uno es el único responsable de lo que siente y, evidentemente, de lo que decide hacer con lo que siente. El hecho de parar a alguien para que no se haga daño( o lo que nosotros consideramos que es daño) no es más que una forma de tapar nuestro propio miedo a lo que vamos a ver o sentir ante lo que va a pasar. Es nuestro miedo y nuestro dolor. La persona que se suicida ya no tiene miedo o dolor, o como mínimo, tiene la capacidad de demostrarse o de intentar demostrarse que no tiene.
El miedo a lo desconocido. Por eso nos oponemos. Justo para tapar instintivamente nuestro miedo a la muerte. Y cuanto más legal lo hacemos, más complicado es. Abordamos una manera más de oponernos a este fenómeno tan natural. Y, al final, no hacemos más que colocarnos en la posición de evitarlo de la forma más común. Como una cobardía común. Es el camino más fácil de no dejar el que el suicidio pase delante de nuestros ojos. ¿Cómo podemos llegar a peinar con las leyes el derecho de alguien a morir? Decidir morir es una cuestión puramente personal. Si ni siquiera nuestra propia muerte es algo personal, ¿qué otra cosa nos queda por decidir?
Pero a veces parece que no tenemos el derecho a morir cuando queremos. Tenemos que pasar por juicios y por procesos legales para pedir a los demás que nos dejen morir.
La muerte es hermana del nacimiento
La muerte sin el nacimiento no existe. Sin estos dos puntos de inicio y final la vida en si no existe. O como mínimo no de esta forma. Nosotros somos el resultado directo de estos dos procesos. Somos lo del medio y el todo.
Cada uno de nosotros tiene su propia fórmula de percibir o de valorar las ecuaciones de la vida y la muerte de manera distinta, aunque de una forma u otra tenemos la tendencia de nadar en el océano común del entendimiento y la “percepción” de las cosas. Cada uno tiene el derecho moral y físico de hacer, percibir y valorar las cosas tal como quiere, pero esto queda cuestionado cuando choca con la “lógica” social. Lógica que, en el fondo, no es nada más que una aglomeración de decisiones comunes que están en concordancia unas con otras. O no. La lógica social no es sagrada.
Lo social no puede implicar lo personal-emocional. Cada uno, por si mismo, tiene que aprender a hacer la separación entre las dos cosas y no sentirse agarrado o atrapado en las reglas sociales. Reglas que, desgraciadamente, están por encima de las leyes morales y de la justicia moral que todos tenemos.
¿Qué tiene que ver una persona que sufre una enfermedad grave, que ya no puede aguantar más la vida y se siente preparada para abandonar este mundo (indiferentemente de lo que haya después) con las leyes de un gobierno?
¿Por qué un país puede ayudar a una persona a morir y otro no? ¿Por qué se tiene que manchar la valentía de alguien que decide morir con
reglas aberrantes hechas por la incapacidad humana de aceptar la muerte como una parte normal de la vida?
Si en el fondo la muerte es un fenómeno natural, ¿qué ocurre? ¿ lo natural deja de serlo en el momento en que cambiamos las fechas? ¿Y si surge un accidente? Es un cambio de fecha que no ha sido ni necesario, ni pedido ni querido. Entonces ¿ por qué no somos capaces de honorar la decisión de alguien que quiere cambiar la fecha de su muerte? Justamente porque no podemos aguantar la decisión, la potencia que hay detrás de la decisión, independientemente de la situación.
La muerte se puede superar antes de que se “muera”, y ésta es una virtud que partenece a la persona que lo ha decidido. Aunque si el hecho de morir antes de morir es una virtud o no. Parar esta acción es insultar el hecho de tener esta capacidad y lo hacemos por la cobardía que llevamos dentro, aunque quizás no todos la abrazamos, no todos estamos de acuerdo. Y no se trata de sentirnos culpables por ser cobardes, sinó de señalar la cobardía, la que tapa nuestra incapacidad de tomar decisiones radicales. Pero lo que hacemos es precisamente acusar al posible suicida de cobardía, cuando en el fondo los cobardes son los que no pueden aceptar la potencia del suicidio. Nada no es para ser acusado. Es sólo para ser educado.
Medir la verdad
¿Qué motivo existe para que dudemos de la verdad? ¿Cual es el mecanismo que pone en marcha la duda entre nosotros? ¿No de que, sino, por qué dudamos, en general? ¿Sabemos de verdad que la verdad en si tiene, o se permite, el atributo de ser puesta en duda?
¿Se puede medir la verdad en si misma? ¿Podemos hacer la verdad variable? Es decir: ¿podemos afirmar que la verdad no es absoluta o fija?
La verdad no se puede medir. No se puede poner en la balanza. No tiene peso, ni cuerpo, ni ninguna característica que nos pueda ayudar a medirla o a clarificarla de alguna forma. Sólo existe.
No podemos pensar sobre la verdad en si misma, si es verdad o no es verdad. No podemos meter la verdad en una sala de justicia. No hace falta. En cuanto cuestionamos la verdad es como tener dudas sobre ella. Es como perder el concepto de este maravilloso regalo que tenemos. En cuanto la ponemos en la balanza también tenemos la intención y el poder de modificarla. Y de modificar la balanza.
Por desgracia he llegado a estas conclusiones después de ver una conferencia de prensa del presidente de los Estados Unidos que afirmaba: “Y will try to say the thrue . This is what I will try to do today. To speak the thrue the best has I can”. Antes de traducir quiero apuntar el hecho de que esta línea de dialogo ha venido justo después de unos aplausos.
Traducción: Intentaré decir la verdad . Esto es lo que voy a intentar hoy.(ahora). Decir la verdad lo mejor que puedo.
Es evidente de que la verdad tiene mucha inestabilidad en esta ecuación salida de la boca de un presidente. Utilizar las palabras "intentaré decir" y "lo mejor posible" junto con la palabra "verdad" es como vestir la verdad con una forma maleable, variable, inestable. Es una manera de saltarse la regla número uno de la justicia general y de las famosas frases de películas donde dicen: "I sweare to say the thrue and only the thrue". “Juro decir la verdad y sólo la verdad”.
Nadie habla de "intentaré". ¿Podemos “intentar” decir la verdad? ¿Podemos tener dos verdades?
La verdad existe sólo cuando es verdad absoluta. Es la única entidad pura, que se puede mantener por si misma, sin tener que depender de ningún factor.
Cuando pensamos en medirla o en que podemos darle un valor, la verdad deja de existir. Se diluye. Desaparece.
La verdad es como un elemento que hace la conexión entre otras dos cosas. Es como la sopa primordial, como el agua entre dos islas. El concepto de islas desaparece si quitamos el agua.
¿Cómo nos podemos permitir el lujo de pensar que la verdad puede tener más posibilidades, opciones, opiniones, valores, caras, formas, cantidades etc.?
Si de verdad queremos aplicar la verdad a nivel práctico, ella tiene sólo dos estados: existe o no existe.
No podemos afirmar que "puede ser". Pero lo hacemos. Lo hacemos cuando no sabemos cual es la verdad. Esto demuestra que la inestabilidad de la verdad está producida por el factor humano, porque la verdad en si misma es neutra. Está en perfecto equilibrio consigo misma.
Cuando "pesamos" la verdad, lo que hacemos en realidad es destrozar la belleza de esta regla perfecta de la naturaleza. Esta regla que todos sentimos dentro nuestro. La regla moral sobre la verdad. De la razón y de la justicia etica . Pura. Pesar la verdad es hacerla variable, relativa. Justo en el momento que medimos la verdad, es cuando nace el concepto de mentira. Cuando la ponemos en la balanza. Sin balanza no hay el concepto de si es verdad o no. Sólo es. Y sin todo este conjunto, no se puede crear el concepto de la mentira. La mentira no es el opuesto a la verdad. Porque la verdad en si no tiene opuesto. Y si lo tuviera , sería su propia inexistencia. La mentira es un efecto secundario, un residuo tóxico, un resultado ilusorio y sucio que sale después de poner la verdad en la balanza.
La expresión : "¿Dices la verdad o me mientes?" no es correcta porque implica dos elementos que no existen en el mismo plano de perfección. La verdad es una entidad pura y el concepto de mentira no es nada más que un concepto y una forma inferior, una rama ilusoria, una deformación de la percepción de la verdad.
Es una equivocación poner la verdad en el mismo sistema de la mentira. Por instinto, comparamos la verdad con la mentira. Sólo por el mero hecho de dudar sobre la verdad ya hemos creado el concepto de la mentira y le estamos dando un valor que ella en si misma no es capaz de aguantar.
El único combustible que puede alimentar la mentira es la mentira en si. Cada concepto o entidad lógica o no-lógica, física o no-física, se sostiene por su cuenta. Se sostiene por el concepto en si, por su propia existencia y definición de ser. No podemos mezclar las cosas que parecen o que nos parece que pueden conectarse una con otra sólo por el placer o por la necesidad instintiva de que una anule a la otra creyendo que forman parte de la misma categoría. En el caso de la mentira, teniendo muy claro que es un producto y una convención de la conciencia humana, se sostiene justo gracias a la definición que nosotros le estamos dando. La definición de la mentira.
Un trozo de nuestra propio existencialismo.
El echo de que durante nuestra propia existencia de una forma o otra, estamos, o parece que estamos preocupados, con y de nuestra propia existencia, dentro de nuestra vida y tiempo, en definitiva me hace pensar y sentir nada.
He llegado a la única y ultima decisión de no sentir nada.
Y por lo tanto que parece, no lo hago por egoísmo.
Es decir: los pocos años que los llevo a bordo de mi propia nave en el viaje de la vida, los he dedicado en llorar nuestro propio destino, nuestras propias errores, nuestros propios Jesús Christos, nuestros pecados, nuestra forma fea de ser, nuestros futuros llenos de esperanza seguidos muy cerca de desastre, nuestros propios visiones- ilusiones sobre una vida mejor, y sobre toda la ruina y el polvo que recogemos en el momento del fracaso. Que por cierto: nunca no falta de aparecer. De una forma u otra. Y utilizo “nuestro” porque considero que . Estamos hechos de los demas con y la proiection de nosotros mismos hacia a los otros con todo lo que los otroz llevan con ellos. La misma regla se puede aplicar a los demas tambien.
He decidido de dejar de llorar. Y lo bueno de esto es que nadie no me puede acusar de lo que he decidido. Creo que es la unica cosa de que nadie no me puede acusar legal o moral. Y si lo hace moral es porque es cobarde. Cobarde de no acceptar que alguien alrededor no quiere compartir la misma mierda y sus consecuencias con los demas o como minimo de la misma forma.
Tengo todo el derecho del mundo de no sentirme mal sobre nada. Yo soy la única persona que me puedo permitir el lujo de decidir hacia donde quiero dirigir mi propia conciencia, pensamientos y forma de percibir las cosas.
Decirme que no puedo hacer esto, es como decirme de que esta prohibido pensar.
Y como sabemos, o como mínimo teníamos que saberlo de que vivir de verdad es ser felices, pues en mi caso me he dado cuenta de lo poco que he vivido.
Hace unos días que una buena amiga me ha regalado una preciosa libreta que empezaba con un pequeño juego, que me ponía en la postura de responder por escrito de cuantas veces he estado felice en la vida. En mi vida.
Desde mi punto de vista son pocos momentos.
Desde lo suyo son muchos.
Estaría bien si de una forma o otra el cuento de la libreta se acababa aquí, pero no. Después de un rato llego a la conclusión de que no he llegado a ninguna conclusión.
Mi amiga sigue sosteniendo su punto de vista, como que hay muchos momentos de felicidad en mi lista (y yo no puedo decir que no tiene razón, por que es su punto de vista y lo respecto y me lo creo) pero yo en el fondo de mi, sigo sintiendo de que no es así. De que no he tenido tantos momentos felices y además dudo de los pocos que he tenido.
Como me puedo dar cuenta cuales son mis momentos felices y cuales no? Cada momento de mi vida tiene en el mismo momento algo bueno y algo malo a la vez.
Así que, como me puedo dar cuenta cual es el momento felice de mi vida, para saber separarlo de lo infelice y así poder decir: mira aquí he sido felice!?
Puedo tener una visión, un entendimiento sobre mi propia felicidad? Cuando yo en el fondo no tengo ninguna definición concreta o como mínimo, un punto de referencia diferente de lo que tengo ahora,(que de hecho me doy cuenta de que no me sirve de mucho)?!
Porque sigo pensando y dudando sobre lo mismo? Como es de ser feliz? Alguien lo sabe como se hace? De donde puedo aprender esto? Se puede aprender? O simplemente lo sentimos?
Es decir: ninguna conclusión sobre mi lista, ningún punto de referencia, ningún fundamento de donde empezar para poder acabar, para ser capaz de entender de donde vengo y que tengo que hacer para alcanzar un número más grande de felicidades en mi pequeña libreta.
He observado que ser feliz depende del punto de vista de cada uno sobre su mismo, influenciado a la vez del punto de vista sobre la felicidad, de los demás.
Porque en el fondo el echo de ser feliz implica a los de más?
Porque tiene que implicar a los demás?
Con otras palabras me he dado cuenta de que mi felicidad en relación con mi mismo y con los demás es relativa. I digo esto porque he visto que los puntos de vista de cada uno sobre la felicidad es diferente. Es decir: yo no puedo crear una teoría propia sobre la felicidad sin tener que mezclar la opinión y los puntos de vista de los de más.
En este caso, lo único que me queda es de rechazar de una forma la opinión de los demás sobre la felicidad en genere o no, y buscarle yo mismo una forma propia, con mis proprias reglas y normas, pero que no molesta y no hace daño de ninguna forma alrededor mío, y si por su acaso si parece que hago daño o de verdad hago daño de cualquier forma, lo puedo demonstrar con la pura lógica que en el fondo lo que hago no es para hacer daño sino justo para hacer bien?!
Ya lo se que suena fatal y sin cuerpo, pero mi felicidad es relativa.
Y si las cosas van por aquí, yo paso de ser feliz.
O como mínimo de esta forma.
No puedo permitir a alguien de que su punto de vista modifica el estado de mi propia percepción y valor sobre la felicidad.
En el momento que dejamos a alguien que nos opina su opinión sobre la felicidad, lo que hacemos indirectamente es de dejar otra opinión que nos modifiquen nuestra forma de ver o percibir la felicidad. Dejamos al otro de cambiar algo, de darle otro valor y con esto cambiándole algo. Resumido: de darle valor. I el concepto del “valor” implica variabilidad.
En el fondo me esta cambiando el “constante” que yo le puse al momento que yo mismo he decidido de sentirme feliz. O no.
Soy yo que decido cuando soy feliz y no por que es mi momento de felicidad y no quiero compartirlo con nadie por egoísmo , sino , simplemente que se trata de cómo lo percibo con mis cinco sentidos o lo que sea. Es como una cosa física. Concreta. Real.
En el momento que alguien o algo deciden de que esto es un momento feliz o no, lo que hace en el fondo, es nada más que limitar el derecho de ser feliz de tu forma, cuando te da las ganas.
Pero esto no implica nada malo de ningún parte, porque siempre tenemos la necesidad de opinar sobre algo, con la necesidad de corregir, añadir o ayudar. O no.
La felicidad individual es individual. I el derecho de sufrir o ser feliz cuando nos da las ganas es igual de individual, y eso no tiene por que llamarse egoísmo.
Es simplemente el placer de decidir cuando queremos ser felices o no.
Ser egoísta en el sentido de que dejas de llorar por los demás incluido te a tu mismo también, no implica que te rompes de las problemas o que dejas de importar o hacer parte de las problemas de los damas. Simplemente te permites una pausa hacia todo.
Pero muy profunda.
Tiempo y Momentum.
Acabo de coger las escaleras en vez de coger el ascensor, que ya estaba lleno de una señora también bastante llena que subía solo un nivel de mi edificio que tiene 4.
Evidentemente nos hemos cruzado otra vez al la primera planta, y me dice:
"Hemos llegado en el mismo momento!"
Claro que si. En el mismo momento!
Pero el mismo momento me he dado cuenta que, de hecho somos nosotros los que deciden cual es el "mismo momento".
Es decir: antes no había este momento, por lo cual, el momento no existía. Porque no estaba definido con nuestro acuerdo. In ningún futuro.
El futuro lo hacemos nosotros en el momento que surge. En el momento que decidimos de crea o definir un "momento". En el mismo presente.
El presente en si es el lo que esta generando el "futuro" actual.
El futuro "presente" o actual, es el resultado de la nuestra propia decisión común (o no), en que decidimos de que hemos coincididos o simplemente de que hemos establecido un momentum.
Pero no me ha dado tiempo de contarle todo esto a mi vecina porque si no ....
Sobre suicidio.
Independientemente del motivo que tenga una persona para suicidarse, ella tiene que suicidarse antes a nivel mental. Si le da tiempo, evidentemente, o mejor dicho, si es valiente.
El suicidio mental es el que más mata. El miedo a morir sin estar muerto físicamente es el miedo mas profundo que podemos alcanzar.
El suicida tiene que repasar a nivel mental (y cuando me refiero a nivel mental, me refiero al último nivel de nuestra propia conciencia, al ultimo plano de pensamiento) toda su vida, valorando y desvalorando, poniendo en su propia balanza, considerando y desconsiderando todo lo que su propio ego cree que tiene valor para si mismo.
Las informaciones pasan por un filtro nuevo, con sus formas y particulares maneras de medir, solucionadas y guardadas en una clasificación de la que sólo él sabe el código.
Las normas usuales y morales de clasificar o juzgar no sirven de nada. Ahora su pensamiento funciona con otras normas.
El tiempo para un suicida cambia de valor. Las horas pueden ser años y los años pueden ser siglos. Esta forma nueva de percibir el valor y el concepto del tiempo permite al suicida pasar por toda su vida en muy poco tiempo. Es como una forma de viajar en el tiempo. En su propio tiempo.
Él tiene que decidir cosas mucho más importantes y por eso el concepto del tiempo deja de existir. El tiempo se puede parar a nivel mental sólo cuando tenemos una cosa mucho más importante que el concepto del tiempo en si.
Tiene mucho trabajo que hacer y deja de valorar el tiempo.
El suicida lo que hace en realidad es organizar su vida.
Limpiando todo lo que él cree que tiene importancia.
Se odia y se quiere a si mismo a la vez. Llora y se ríe de si mismo y consigo mismo a la vez.
Si lo miramos desde fuera, el suicida es la persona más potente de la Tierra. Esto lo podemos afirmar en el caso de que la persona todavía siga viva.
En el momento en que no hay nada más en la balanza, cuando no hay más preguntas que hacerte, ni más respuestas que escuchar es cuando el puede elegir de verdad el camino hacia la muerte o hacia la vida.
Es como tener la posibilidad de empezar de nuevo tu propia vida. De poder vivir de nuevo limpio. Sin conflictos contigo mismo, sin cargas. Sin miedos.
En este momento podemos decir que hemos alcanzado el punto más alto de la conciencia descargada.
En este punto se puede decir que el suicida ha alcanzado la muerte antes de que se muera su cuerpo. Aquí es el punto donde él toca el límite, la cresta final de la montaña.
Creo que en este punto es donde respondemos a la pregunta final y donde evidentemente estamos pre-dispuestos a equivocarnos o no (esto es válido sólo en el caso de que nos podamos permitir utilizar el concepto de equivocación)
Cuando la conciencia está limpia o casi limpia, el suicida se encuentra con tres posibilidades:
1. Decidir morir sólo por pura curiosidad o porque está impulsado por lo que llega a sentir o ver.
2. Decidir vivir porque hay motivos que le impiden ser capaz de hacer el salto o simplemente decidir vivir feliz hasta el fin de su vida, una vez que ya está en la posición de entender la muerte y la vida a la vez.
3. O simplemente que le da miedo morir.
Pensando en el hecho de que el suicida ya ha podido dejar todo lo que es material, todo lo que implica material, incluido a si mismo, la única herramienta que le queda a mano es el "sentido" de sentir.
Su única forma de existir o de ser es sentir. Ya no le falta nada, porque acaba de dejar todo por el sacrificio total.
Lo extraordinario en esto es que toda su lucha es contra sus propios sentimientos hacia todo, hacia todo lo que siente relacionado con todo.
Y en caso de que el suicidio pase, lo único que queda detrás es el dolor, el odio, el amor, el sufrimiento, las lágrimas, las risas. Todo lo que él ha sentido en su vida. Todos sus sentimientos.
Un suicida no está perseguido todo el rato por la "locura". En realidad está pasando por un proceso tan complicado, denso y rápido que nadie alrededor puede entender o tocar la velocidad de todo el proceso.
El suicida tiene que manejar muchísima información. Durante la vida almacenamos una cantidad increíble de información y sensaciones que por desgracia dejamos podrirse en un rincón perdido en nuestro celebro.
Muchos de nosotros hemos pensado sobre el suicidio en un algún momento de su vida. En serio o para meditar sobre ello.
Y parece que cuanto más nos preguntamos y más nos acercamos, más nos metemos en un territorio desconocido, lleno de nubes, de negro y de semi-oscuro, con débiles manchas de luz, como unas islas pequeñas, servidas con lodo.
Es como sentir que el camino hacia la muerte es un camino donde se tiene que luchar con los propios demonios que en realidad no es otra cosa que nuestros propios sentimientos, miedos, fracasos, errores, amores y felicidades.
Es como darle la vuelta a la vida y empezar de nuevo. Es como saltar por el medio de la vida y volver.